Los pueblos serán felices y dichosos si la benevolencia y el verdadero afecto estrechan sus corazones.
El ministro debe morir más rico de buena fama y de benevolencia que de bienes
Todo Estado castiga más severamente los delitos que amenazan su principio particular de vida, mientras que en los demás muestra no raramente una benignidad que contrasta de modo llamativo.
Hagamos una guerra de virtudes si es posible, procurando cada cual superar al enemigo en honradez, buena fe, magnanimidad
La magnanimidad o grandeza de ánimo, según el nombre nos lo muestra, también consiste en cosas grandes.
La virtud y la generosidad son recompensadas de un modo inescrutable.
Puesto que nada hay más precioso que el tiempo, no hay mayor generosidad que perderlo sin contar
Hay en el diccionario tres palabras que causan la ruina del rico, y tres que causan el bienestar del pobre; son las primeras: lujo, ambición y soberanía; las segundas: trabajo, honradez y economía
Los elementos de la dicha son: una buena conciencia, la honradez en los proyectos y rectitud en las acciones
Quiero enseñarles el verdadero secreto de ganar dinero, el método infalible de llenar las bolsas vacías, y de conservarlas siempre llenas: Todo el negocio estriba en la rígida observancia de sos reglas sencillísimas. He aquí la primera: sean la probidad y el trabajo vuestros constantes compañeros. Segunda: gastad un cuarto menos de lo que ganáis.
Hay en el corazón humano ciertas semillas de probidad que el bien público las desarrolla, el amor a la patria las fertiliza, y las hace fructificar la ocasión de coyuntura de mirar por su adelantamiento y felicidad.
¡Que oportunidad, empezar a decir en Televisión lo que hay que decir y convencer a las gentes de este país de que están acabando con lo mejor que tenemos, que son los animales, que es el paisaje, que es la integridad del medio ambiente, que son las leyes ecológicas!
Los compromisos con nosotros mismos y con los demás y la integridad con que los mantenemos son la esencia de nuestra proactividad. Allí también reside la esencia de nuestro crecimiento.
Y, de pronto me invadió una gran satisfacción, al pensar en la gran seguridad que ofrece el mar si la comparamos con las tribulaciones que hay en tierra, y al considerar mi decisión de adoptar esta vida que no me presentaría problemas inquietantes, vida aureolada de una elemental belleza moral por su absoluta rectitud y por la sencillez de sus fines.
Administrad la justicia con ecuanimidad y rectitud y, si es necesario, con rigor y ejemplaridad. Pero cuando la naturaleza de las gentes y las cosas lo permitan, sed también misericordioso y benigno
La dudosa moralidad de la sentencia de que vale más malo conocido se aplica con harta frecuencia aquí. Quizá por eso se hable tanto de relevo generacional, de aporte de sangre joven y tanto otro infatigable lugar común, que por descontado, alude a una realidad que no se da
Si hacemos una buena acción simplemente por amor a Dios y el convencimiento de que ello le complace, ¿de donde proviene la moralidad del ateo?... Su virtud, pues, debe haber tenido otro fundamento que el amor de Dios
El carácter más apropiado para educar humana y cristianamente a los niños y jóvenes es el que reúne la jovialidad, la afabilidad y la constancia que sólo se hallan en un corazón humilde y bondadoso
Difícil es decir cuánto concilia los ánimos humanos la cortesía y la afabilidad al hablar.
Una blandura que no enternece, una energía que no fortalece nada, una concisión que no dibuja ningún tipo de rasgos, un estilo del cual no emanan ni sentimientos ni imágenes ni pensamientos no posee ningún mérito.
Los grandes talentos alarman e intimidan a los incapaces, y no tienen la docilidad que se requiere para agradar a los hombres justos.
En México, todavía, el valor de caudillos, mártires, artistas notables y valores del hogar sólido se determina por el número de estatuas que consiguen, y por la mezcla de terquedad y docilidad con que monumentos y bustos aceptan el avance omnívoro de lo urbano. Y que se cuiden los iconoclastas. Ya lo advirtió Jean Cocteau: El riesgo de un destructor de estatuas es convertirse en una.
La experiencia y la filosofía que no conducen a la indulgencia y a la caridad, son dos adquisiciones que no valen lo que cuesta.
Si no supiera que enamorado, poeta y músico son tres títulos de indulgencia para todas las locuras...
Amonestar vuestras esposas con amabilidad
El sacerdote para hacer mucho bien necesita unir a la caridad una fuerte dosis de amabilidad
El hombre es un animal no social, sino cordial, y la familia es la forma menos imperfecta de la cordialidad humana.
Cuando un hombre hace dejación de su egoísmo en bien de sus semejantes, siente una infinita alegría, recibe un infinito consuelo, cree que Dios lo corona de gloria y vive más amplia y dignamente
Es bien cierto que los españoles aspiran al dominio mundial, como que, hasta ahora, lo único que lo ha evitado son lo disperso de sus dominios y lo escaso de su número.
La buena educación de los niños pide que se les ame, y se les ame a todos por igual. Ahora bien, esto supone la entrega absoluta a su formación y el uso de cuantos medios pueda sugerir un entusiasmo habilidoso para infundirles la piedad y la virtud.
Señor, sabemos que no hay otro orden, solo aquel que creamos, no hay más esperanza que nosotros, no hay más piedad que nosotros, no hay justicia, solo nosotros. Todas las cosas que son, son nuestras, pero tienen que importarnos, porque, si no nos importa nada, no existimos.
La excelencia de un regalo reside en su conveniencia y no en su valor.
En la vida, la mayoría de nosotros vamos a hacer cosas comunes; pero que lo más importante es hacerlas extremadamente bien para poder ir a la playa sin que lo reconozcan o sepa quien es; por que lo importante es la excelencia en el trabajo y no el ego ni la fama.
Amor mío, no sé cómo decirte que la vida se ofrece ahora ante nosotros como una interminable tarde de estío, una de estas tardes de Italia, con esa especie de flotante neblina dorada y las sombras que comienzan a invadirlo todo con la divina delicadeza del aire y del paisaje que tanto he amado toda mi vida, y que ahora tú comienzas a amar igualmente.
La homosexualidad es un desorden objetivo. La Iglesia Católica debe acoger con respeto, compasión y delicadeza a todas las personas homosexuales, pero exigiéndoles también que vivan en castidad.