Había una elocuencia en el entusiasmo verdadero que no se ponía en duda.
Lo que estoy buscando... Es un movimiento inmóvil, algo que sería el equivalente de lo que se llama la elocuencia del silencio.
El silencio es el signo de la sabiduría y la locuacidad es señal de la estupidez
Saber escuchar es el mejor remedio contra la soledad, la locuacidad y la laringitis.
La envidia que parla y que grita es siempre inhábil; se debe temer bastante en cambio la que calla.
Estas palabras son mías, de la afluencia de mi corazón: Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero.
Quiero dominar el mundo. Cada vez que alcanzo la cima de un pico descubro otro al que quiero subir. Es como si no pudiera parar. Quizás debería descansar y admirar el paisaje, pero no puedo. Tengo que seguir. ¿Por qué? No lo sé
Si nada picó la culpa no fue mía, faltaban los peces.
La literatura puede ser una buena terapia personal, una especie de psicoanálisis por el que no se paga al psicoanalista.
En la ciencia uno se trata de explicar lo que no se sabía antes de manera que se entienda. En la literatura uno se comporta justo al contrario.