En la pradera yo me quiero quedar, con el murmullo del agua que va, por los arroyos sin parar de cantar, cuando hay viento nos vamos todos a bailar.
Ya alegra la campiña la fresca primavera; el bosque y la pradera renuevan su verdor. Con silbo de las ramas los árboles vecinos acompañan los trinos del dulce ruiseñor. Este es el tiempo, Silvio, el tiempo del amor.
Natasha se acerca a la ventana y la abre desde el patio para que entre más aire en mi habitación. Puedo ver la brillante franja de césped verde que se extiende tras el muro, arriba el cielo claro y azul y el sol que brilla en todas partes. La vida es hermosa. Que las futuras generaciones la libren de todo mal, opresión y violencia y la disfruten plenamente.
Uno, si quiere, olvida todo, puede tomar partido por apariencias, por sonidos quebrándose en jardines, por la cuesta que pastores mutilados arrastran con la sangre, o el césped cuando la piel brilla al descubierto en busca de reflejos verdaderos que respondan.
La ambición de poder es una mala hierba que sólo crece en el solar abandonado de una mente vacía.
El Sevilla tiene 5 campos de hierba natural, 2 de césped artificial y no tiene 2 jardineros, sino 10 ó 12, que se dedican exclusivamente al Sevilla y, si tienen que venir un día de fiesta, vienen; y, si tienen que estar a las ocho de la mañana, están. Es lo que tienen los equipos grandes y por eso están donde están