Cada uno sospecha que posee al menos una de las virtudes cardinales, y he aquí la mía: soy uno de los pocos hombres honrados que he conocido.
He aquí la gran incógnita que no he podido resolver, a pesar de mis treinta años de investigación sobre el alma femenina: ¿Qué es lo que quiere la mujer?
Cuando el ánimo está en suspenso, un ligero impulso lo hace inclinarse acá o allá.
Gente enferma de poder a la que deberíamos prohibirle olvidar que estamos acá porque nos puso Dios.