Predicar moral es cosa fácil; mucho más fácil que ajustar la vida a la moral que se predica
Bien predica quien bien vive.
La belleza ha terminado por recurrir a la verborrea El color prohibido, 1951
La vida es como un cuento relatado por un idiota; un cuento lleno de palabrería y frenesí, que no tiene ningún sentido.
Queremos menos palabrería liberal y más respeto a la libertad profunda del hombre
Sólo tras haber desarrollado la perorata emocional que culmina con la palabra asombroso, por fin la fuerza de mis sentimientos había dejado de asombrarme lo suficiente para poder conciliar el sueño durante un par de horas...O algo parecido al sueño, pues, incluso semiinconsciente, me había convertido en una biografía en movimiento perpetuo, en memoria hasta el tuétano.