Quien piensa a lo grande tiene que equivocarse a lo grande.
Con buen humor y pesimismo no es posible ni equivocarse ni aburrirse.
A los franceses no les gusta alejarse mucho y permanecer mucho tiempo separados de ella.
Entonces, se produjo un cambio de marea en el otro lado. A la derecha, donde luchaban los hombres a caballo, dio la impresión de que el ejército del rey retrocedía. La retirada llegó a convertirse en descarada huida. Fueron muchos los hombres del rey que hicieron volver a sus caballos y empezaron a alejarse del campo de batalla.
Quien piensa con grandeza se ha de equivocar con grandeza
(Todo por embarrar el recuerdo de Marisa contra los muslos de otras).