La conciencia no es más que una palabra que emplean los cobardes para atemorizar a los valientes.
Soy partidario de alentar el progreso de la ciencia en todas sus ramas; y opuesto a poner el grito en el cielo contra el sagrado nombre de la filosofía; a atemorizar a la mente humana con historias de brujas para inducirla desconfiar de su propio juicio y a aceptar implícitamente el de otros.
Pero el hombre no es independiente, porque el movimiento comience en él, sino porque puede inhibir el movimiento. Rompe, pues, su propia espontaneidad y naturalidad.
Apocarse es virtud, poder y humildad; dejarse apocar es vileza y delito.
¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? Lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad.
Ser autoridad se basa no sólo en la capacidad para realizar ciertas funciones sociales, sino igualmente en la esencia misma de una personalidad que ha conseguido un alto grado de desarrollo e integración. Estas personas irradian autoridad y no tienen que dar órdenes, amenazar ni sobornar
Nadie puede aterrorizar a toda una nación, a menos que todos nosotros seamos sus cómplices.
La religión debería servir más para dar ánimos a los buenos que para aterrorizar a los malos.
Creo que hay mucha gente que es capaz de buscar más allá de lo que se le trata de imponer en los medios de comunicación. Y que siempre quedan rendijas por donde ofrecer otra sensibilidad, otra música; en ésa estoy yo.
Resistiremos hasta el final. Todo el mundo lo verá. No vamos a rendirnos por un par de dólares. Déjalos imponer tantos embargos como quieran, nunca lograrán nada. Los ciudadanos en la calle lo saben.
Y esto no es todo, amiga mía: nuestra alma, nuestro espíritu y nuestro cuerpo tienen exigencias generalmente contradictorias; creo difícil unir satisfacciones tan diversas sin envilecer a unas y sin desanimar otras, así que he disociado el amor.