Hay que acostumbrar a la gente a vivir de forma más austera, a no derrochar. Hay mucho derroche de energía, no hace falta que cada familia de clase media tenga dos automóviles, lo que hace falta es cambiar el sistema de transportes, mejorar el transporte público, para que la gente no utilice el coche. Lo que hace falta cambiar es el modo de vida, ya que consumo no es sinónimo de felicidad.
La actual preocupación casi histérica por la seguridad es en el mejor de los casos un derroche de recursos y un obstáculo para el espíritu humano, y en el peor de los casos una invitación al totalitarismo. Se necesita con urgencia educación pública.
No existía más que la dignidad ultrajada, la libertad perdida, la dilapidación entronizada, la esclavitud constituida.
Aquí estoy una vez más en esta escena de la disipación y el vicio, y ya empiezo a encontrar mi moral dañada.
Pensamiento y estudio son igualmente necesarios para la felicidad de un país y para la vida de una ciudad. En el primero previenen las inquietantes sensaciones de indolencia y permiten el placer sublime de crear para la belleza; en la segunda, hacen que la disipación no sea objeto de necesidad y, consecuentemente, de interés.
Mientras mi mente viaja donde tú estás, mi padre grita otra vez. Que me malgasto mi futuro y su paz con mi manera de ser. Aunque lo escucho ya estoy lejos de aquí, cierro los ojos y ya estoy pensando en ti. Y soy rebelde cuando no sigo a los demás, y soy rebelde cuando te quiero hasta rabiar, y soy rebelde cuando no pienso igual que ayer.
Tan corta como es la vida, aún la acortamos más por el insensato desperdicio del tiempo.
Desear ser otra persona es un desperdicio de la persona que eres