Y a veces charlo, a veces rezo, a veces lloro, como guiso en mi pequeña cocina del rincón
Juan Palomo: yo me lo guiso y yo me lo como.
El hombre atareado tiene pocos visitantes ociosos: a la olla que hierve no acuden las moscas.
La razón es como una olla de dos asas; se la puede coger por la derecha o por la izquierda.