Lo que destruye las posibilidades de la vida es permanecer siempre encerrados en la cárcel de nuestros pequeños ideales sin generosidad y sin ardor, mientras el sol ilumina la tierra alrededor de nuestra casa.
Después de tantos años estudiando la ética, he llegado a la conclusión de que toda ella se resume en tres virtudes: coraje para vivir, generosidad para convivir, y prudencia para sobrevivir.
Esta obra debe interpretarse con un gran desprendimiento hacia el presente.
Un Avemaría dicha de todo corazón y con desprendimiento tiene más fuerza y bondad que mil salterios dichos de cara a la exterior.
La liberalidad es la primera hija del amor y la piedra imán más atractiva para los hierros de la voluntad.
La liberalidad no consiste en lo que se da, sino en el afecto con que se da
Si el Estado moderno se encarga cada vez más de repartir beneficencia y previsión a todos lados, a beneficio primero de unos, luego de otros, tiene que degenerar en una institución que estimula la desintegración moral y prepara su propia condena final.
¡Siempre la habilísima estratagema de convertir en cuestiones de beneficencia las cuestiones de derecho!
La amistad es un perfecto acuerdo sobre las cosas divinas y humanas junto con un sentimiento recíproco de benevolencia y afección.
Los pueblos serán felices y dichosos si la benevolencia y el verdadero afecto estrechan sus corazones.
El humanitarismo consiste en no sacrificar jamás un ser humano a un objetivo.
Algunos de los momentos más emocionantes de mi vida los he vivido con el fútbol. Tiene un elemento de representación que le emparenta con el teatro y el cine; y la solidaridad y el empeño común que tiene el juego es un trasunto beneficioso y pacífico de las batallas. Si no existiera el fútbol probablemente habría más peleas.
La solidaridad es la fuerza de la gente débil
...y hemos visto cómo el enemigo, comprobando hasta dónde llegan el entusiasmo y la abnegación en el trabajo y en la lucha de los verdaderos españoles, hace una amalgama de candidaturas; se unen, se coligan elementos monárquicos, elementos fascistas, vaticanistas y radicales.
Pero un verdadero oficial militar es, en cierto sentido, como un monje. Este no cumplirá sus votos de obediencia monástica con más abnegación que aquél sus votos de lealtad al deber militar.
La pasión femenina es una selva oscura nunca explorada del todo, selva hecha a la vez de desinterés infinito y de ímpetu celoso de la posesión exclusiva.
Sólo el motivo constituye el mérito de las acciones; y el desinterés les da la perfeccion.