El momento dulce es permanente en la medida en que uno hace lo que quiere
Mi prioridad permanente es la compañía. Lo mío es vocación empresarial. El empresario de antes no me gustaba
Tú, ave peregrina, arrogante esplendor -ya que no bello- del último occidente: penda el rugoso nácar de tu frente sobre el crespo zafiro de tu cuello, que himeneo a sus mesas te destina.