Siete días de bendición, cada segundo cuenta una historia de resignación. Y en este gran desierto donde un día es como el agua que nunca cayó, ya no hay lluvia para existir.
Inmemorial flor ágata del desierto con los dueños de la noche habitas, con los cuerpos devorados, caes silente, hecha polvo en el aire, en la infinita nada.
Tenía que dedicarme solo al Talmud, pero yo repudiaba el Talmud, a pesar que era aún un niño-judío creyente (Judenkind). Quería satisfacer mi deseo de ser activo, de hacer algo, este deseo busco un campo para sí mismo, ninguno se le ofreció. No quería ser un don nadie – de ahí entonces me hice escritor.
Corro en un campo de minas
Quién me refleja sino tú misma me veo tan poco sin ti no veo más que una planicie desierta.