-Todo esto está en oposición con la desdichada comedia que representa el cristianismo a la hora de la muerte.
Yo no bebo, no fumo, no escucho la radio, no me drogo, como poco. Yo diría que mis únicos vicios son El Quijote, La Divina comedia y no incurrir en la lectura de Enrique Larreta ni de Benavente.
No creo en el remordimiento: es una palabra de melodrama que jamás consideré auténtica.
Sólo el infortunio puede convertir un corazón de roca en un corazón humano.
La mala suerte no existe. Es algo que nos creemos, una escapatoria. En realidad llamamos infortunio a la conjunción negativa de hechos que no hemos sido capaces de prever.
La angustia de mis sentimientos no cejaba; no había incidente del cual mi furia y desdicha no pudieran sacar provecho
Ha sido una vida larga y no es fácil. A pesar de haber tenido la desdicha de no poder seguir trabajando la escultura a causa del glaucoma que padezco, si analizo bien y soy justa, me debo sentir feliz
La felicidad no necesita ser transmutada en belleza, pero la desventura sí.
La desventura de España es la escasez de hombres dotados de talento
Así como la desgracia hace discurrir más, la felicidad quita todo deseo de análisis; por eso es doblemente deseable.
En el hombre conviven dos sentimientos opuestos. No hay nadie, por ejemplo, que ante la desgracia del prójimo, no sienta compasión. Pero si esa misma persona consigue superar esa desgracia ya no nos emociona mayormente. Exagerando, nos tienta a hacerla caer de nuevo en su anterior estado. Y sin darnos cuenta sentimos cierta hostilidad hacia ella.
Estoy alineando cosas siempre, midiendo ángulos, incluso durante esta entrevista. Estoy observando la manera que te sientas y la composición del espacio alrededor de ti.
Mi vida siempre fue componer. Para dejar de hacerlo, tendrían que cambiarme la composición por la felicidad.