El mejor regalo que Dios ha dado en Su abundancia fue la autonomía de la voluntad.
Los manantiales de la abundancia no están en las plazas, sino en los campos; sólo puede abrirlos la libertad y dirigirlos a los puntos donde los llama el interés.
Las pasiones engendran a menudo otras que son sus contrarias: la avaricia produce a veces la prodigalidad, y la prodigalidad la avaricia; a menudo somos firmes por ser débiles, y audaces por cobardía.
La peor prodigalidad es la del tiempo.
Estas palabras son mías, de la afluencia de mi corazón: Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero.
Cuando me vaya volveré atado a este silencio que deja la nada. No te asustes si me ves cayendo entre la lluvia que golpea tu ventana. Frases sueltas.
Siete días de bendición, cada segundo cuenta una historia de resignación. Y en este gran desierto donde un día es como el agua que nunca cayó, ya no hay lluvia para existir.