La televisión en nuestros días, centro de las creencias y las idolatrías inexplicables, ni es creyente ni deja de serlo, es el precipitarse de imágenes que se disuelven en la indiferenciación, es la rutina que de pronto adquiere visos de zarza ardiente.
Lo que pasa es que mientras algunos estaban leyendo la revista Economist (sic) o a Paul Krugman, otros estábamos discutiendo con los hospitales colombianos, con las EPS sus problemas
Soy como un camaleón, influenciado por lo que está pasando. Si Elvis puede hacerlo, yo puedo hacerlo. Si los Everly Brothers pueden hacerlo, Paul y yo podemos. Lo mismo con Dylan.