Las cejas de Hércules Poirot se alzaron cuando le presentaron la tarjeta del inspector Morton, de Berkshire. Hazle pasar, Jorge, hazle pasar, y trae... ¿Qué es lo que prefieren los policías? Creo que cerveza, señor. - ¡Qué horrible! Pero muy británico. Trae cerveza.
Debes procurar buscar la firma, esa tarjeta de visita que sólo dejará tu asesino. Así es como lo acorralarás, pese a las clasificaciones que le den los psiquiatras.
Creo en la carne y en los apetitos, ver, oír, tocar... ¡Cuántos milagros! Y cada parte de mi ser es un milagro.
Le gustaba el recuerdo de la sensación de la carne de aquel hombre tocando la suya, incluso de la pegajosidad de su piel en la suya. en cierto sentido era una sensación sagrada
Se mi piace Roma? Sì, checché ne dicano... Ad abitarci no, perché CI si consuma troppo di politica: non si può vivere in un mondo di ossessi politici.
Como todos, pierdo mucho más que lo que gano. Entonces esa identificación del ganador de turno con los valores es una trampa, una gran trampa porque se venden valores a través de alguien que acaba de ganar. Entonces el que escucha está tironeado por dos extremos: un extremo son los valores, y el otro extremo es el triunfo. La confusión que genera es que el destinatario del mensaje cree que si aplica determinados valores va a tener éxito, y eso no es cierto, ni es conveniente ni aconsejable.
Cuando te identificas con el cuerpo, como en el estado de vigilia, ves objetos burdos. Cuando estás en el cuerpo sutil o en el plano mental, como en los sueños, ves objetos igualmente sutiles. En la ausencia de identificación en el sueño profundo, no ves nada. Los objetos que se ven guardan una relación con el estado de quien los ve. Lo mismo se aplica a las visiones de Dios.
Se mi piace Roma? Sì, checché ne dicano... Ad abitarci no, perché CI si consuma troppo di politica: non si può vivere in un mondo di ossessi politici.
Cuando pasó lo de las filtraciones, yo fui el más beneficiado, porque lo noté en el contacto con la gente, la gente valoraba aquella expresión mía después de una derrota, y yo sabía que esa expresión se correspondía a la intimidad, y que estaba obteniendo un reconocimiento por algo que jamás debió hacerse público, y eso es carne envenenada. Puede satisfacerte en lo inmediato, pero cualquier hombre con experiencia sabe que aquello es inmerecido, que es un robo, que uno se apodera de algo que no merece, después el destino lo pone en orden.
Si haces la experiencia de ser ficticio durante un tiempo, comprenderás que a veces los personajes de ficción son más auténticos que los individuos de carne y hueso y de corazón palpitante.