Michael es natural. Trabaja mucho y es un monstruo escénico. Pero lo más importante, es un verdadero ser humano.
¡Cuántos dramas de familia, cuántas tragedias sangrientas había producido aquel monstruo con sus trampas! Tenía invenciones sorprendentes. Y, sin duda, que la más curiosa, la más horrible, y la más peligrosa de todas, era la cámara de los suplicios.