Esa suave educación que llamamos indulgencia, destruye todo el vigor del alma y del cuerpo.
Otoño manso, yo me poseo y me inclino ante tus aguas para beber el cielo, suave fuga de árboles y abismos.
Habla suave y lleva un grueso bastón.
Yo no sé caminar sino hacia ti, por el camino suave de mirarte.