Hase advertido desde hace mucho tiempo que los jurados se mostraban implacables contra el ladrón e indulgentes con el infanticida. Es cuestión de intereses: el jurado teme que le roben, pero ha pasado ya la edad en que podía ser víctima del infanticidio.
La primera víctima de la destemplaza es la propia libertad.
Pero ni aun así adquirió el difunto un aspecto púdico y decente: era un muerto de carnaval, ni siquiera mostraba sangre de bala o de puñalada corriéndole por el pecho que pudiera rescatarlo de su condición de mascarita.
Cuando alguien me pregunta por qué hablo tan poco y mal de mi difunto padre le contesto con un par de bofetadas, mi padre hubiera hecho lo mismo