... hay igual o mayor bravura en dominarse a sí mismo que en asustar o agraviar al prójimo...
Si me distraigo, la Eucaristía me ayuda a recogerme. Si se ofrecen cada día oportunidades para ofender a mi Dios, me armo cada día para el combate con la recepción de la Eucaristía. Si necesito una luz especial y prudencia para desempeñar mis pesadas obligaciones, me acerco a mi Señor y busco Su consejo y luz.
No voy a ofender más a nadie, y hay verdades que aprendí a evitarlas porque dichas de manera contundente, terminan ofendiendo.
¿Qué ganarías con injuriar a una piedra que es incapaz de oírte? Pues bien, imita a la piedra y no oigas las injurias que te dirijan tus enemigos.
La perfección de la propia conducta estriba en mantener cada cual su dignidad sin perjudicar la libertad ajena.
Se debe temer sólo aquello que puede perjudicar a otro; lo demás, no, que no da miedo
El hecho de denigrar a los seres queridos es algo que siempre nos aparta un poco de ellos.
Habrá que mortificar la carne y obligarla a obedecer al espíritu, hasta que esté dispuesta a todo