El odio es un borracho en el fondo de una taberna, que constantemente renueva su sed con la bebida.
La mejor manera de ser constantemente infeliz es pretender ser feliz eternamente.
Y así vamos adelante, botes contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado.
Los viajeros nos cuentan que esas aguas calientes edifican verdaderos palacios, ciudadelas y murallas de algunos kilómetros de longitud. Blancos como el alabastro, los pilares y basamentos crecen incesantemente por el depósito de las cascadas susurrantes que poco a poco ocupan la llanura.