Dulce es el tierno canto del ruiseñor amante, que en la tranquila noche resuena sin cesar.
El bien es la victoria sobre el mal, la negación del mal. Si se canta el bien, el mal es eliminado por ese oportuno acto. No canto lo que no hay que hacer. canto lo que hay que Hacer. Lo primero no contiene lo segundo. Lo segundo contiene lo primero.
¿Qué hogar me acogerá? ¿Entre qué valles tendré mi puerto? ¿Bajo qué arboleda construiré mi morada? ¿Qué hondo río me dará la canción de su murmullo? La tierra está ante mí. Con corazón alegre y sin temer la libertad.
Cada canción representa algo especial, desde caridad, desde relaciones, desde la paz mundial, no puedo elegir una, porque todas vienen del alma. No son sólo palabras escritas que riman.
En la tierra jamás la poesía cesa: cuando, en la solitaria tarde invernal, el hielo ha labrado el silencio, en el hogar ya vibra el cántico del grillo, que aumenta sus ardores, y parece, al sumido en somnolencia dulce, la voz de la cigarra, entre colinas verdes
Tenía los labios inmóviles, pero cuando lo miré parecieron sonreír sin hacer el más mínimo movimiento. Lo miré más fijamente, convencido de que se trataba de una poderosa ilusión en la que yo no podía penetrar. Y, cuanto más miraba, más parecía sonreír y, por último, se animó con un susurro, un murmullo, un cántico mudo.