Yo fui también, antaño, un columpiador de árboles; muy a menudo sueño en que volveré a serlo, cuando me hallo cansado de mis meditaciones, y la vida parece un bosque sin caminos donde, al vagar por él, sentirnos en la cara ardiente el cosquilleo de rotas telarañas, y un ojo lagrimea a causa de una brizna, y quisiera alejarme de la tierra algún tiempo, para luego volver y empezar otra vez.
Los árboles son para nosotros la fuente de combustible más idónea. Se se posee una hectárea de bosque se descubrirá que, administrados debidamente, los árboles crecen a ritmo más rápido que el de su aprovechamiento para leña. El bosque es el colector de calor solar más eficiente del mundo.