Mi esposa es mi más fiel y sigiloso confidente en todos mis pasos, valen más nuestras mujeres que nuestros hombres para la revolución.
Y es que después del amigo íntimo, el perfecto desconocido es el confidente ideal.
Es curioso este juego del matrimonio. La mujer tiene siempre las mejores cartas y siempre pierde la partida.
Lo más curioso de todo es que en México ha habido muchas calles que tienen nombres de presidentes, y un presidente que tiene nombre de Calles.