Ya veía en la vanguardia una escapatoria fácil, una evasión de los problemas reales, la palabra teatro absurdo me irritaba. La vida no era absurda, sino difícil, muy difícil solamente. No había nada que no requiriera unos esfuerzos inmensos, desproporcionados.
Escribir es una evasión del mundo. Me gusta estar solo en una habitación. Es casi una forma de meditación, una investigación de mi propia vida.
La locura, que parece una huida, no es más que una disolución en lo originario, que para el espíritu tiene toda la apariencia de una huida real.
Lo que me interesa es la conquista del miedo, su ocultamiento y la huída de él, enfrentarse con el miedo, exorcizarlo, avergonzarse de él, por último, tener miedo de tener miedo.
Quien en nombre de la libertad renuncia a ser el que tiene que ser, ya se ha matado en vida: es un suicida en pie. Su existencia consistirá en una perpetua fuga de la única realidad que podía ser.
Me gustó hacer la fuga de Alcatraz. Se trataba de demostrar que podía escapar y llegar de la isla a la costa de San Francisco con grilletes en los pies. Hay tres dificultades: las corrientes, la hipotermia y los tiburones.
El rock llegó a mí cuando parecía que no había escapatoria posible y abrió ante mí un mundo de posibilidades.
Ha tratado de acercar la historia al espectador, desde el cambio de escenario hasta el cambio de nombres. Ha ubicado la acción en un sitio muy caluroso y agobiante, estamos rodeados de selva y parece que no hay escapatoria