Podemos simpatizar los unos con los Otros, y eso es más que bastante: eso es todo, y difícil, acercar nuestra historia a la de otros podándola del exceso que somos, distraer la atención de lo imposible para atraerla sobre las coincidencias, y no insistir, no insistir demasiado: ser un buen narrador que hace su oficio entre el bufón y el pontificador.
Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo, simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima.
Esto es especialmente cierto en el campo de la educación. El líder en ese campo debe en el futuro, encontrar maneras de enseñarle a las personas como aplicar el conocimiento que reciben en el colegio. El debe tratar más con la práctica y menos con la teoría.
Siempre hay que tratar de ser el mejor, pero nunca creerse el mejor
¡Felices de nosotros si podemos unir los límites de las distintas clases de filosofía al reconciliar la investigación profunda con claridad, la verdad con la novedad!;...
La verdadera reconciliación entre hombres enfrentados y enemistados solo es posible, si se dejan reconciliar al mismo tiempo con Dios.