La belleza ha terminado por recurrir a la verborrea El color prohibido, 1951
Queremos menos palabrería liberal y más respeto a la libertad profunda del hombre
Los sabios aceptaron con reconocimiento y pasaban el resto de sus vidas en asimilar ideas de séptima mano, dormir buenas siestas y aburrir a sus alumnos, que no dejaban de bostezar, con la palabrería anémica y libresca que ellos llamaban sabiduría.