¡Los alemanes han invadido Polonia! ¡Es la guerra! Anunció a gritos en aquella sala silenciosa. La noticia me golpeó el corazón como un martillazo. Pero el corazón de nuestra generación ya estaba acostumbrado a toda clase de golpes duros.
La casa, dios mío, rodeada de petreles sobre el acantilado y los vapores del océano, de portones batidos por el viento y cortinas en pedazos, con el anuncio hotel central en semicírculo en la fachada y los tres de la policía secreta, siempre de negro, con el brazo en alto al modo nazi, que bebían, en la salita de estar, la malta de la mañana.
Las campañas modernas de publicidad están empezando a crear elevados niveles de demanda de productos que los consumidores ignoran desear, y mucho menos necesitar.
Me he enterado de que los autobuses de Barcelona tampoco podrán tener publicidad de los preservativos durante la visita del Papa a España. ¿Tampoco se podrá hacer el amor durante la visita del Papa a España?
He pensado en ello y no consigo llegar a ninguna conclusión – sobre el éxito popular de Nevermind. No quiero sonar egoísta, pero creo que la gente se ha tragado durante mucho tiempo, una mayoría de basura comercial
Cuando Adán fue creado no pudo ir a un Centro comercial a comprarse unos gayumbos, alguna camiseta y los siempre tan socorridos vaqueros.
El silencio del pueblo es un aviso para el rey.
Tal vez acá y allá, algún tosco piloto cargado de años, metido en su rincón y del que nadie se preocupa, pueda hacer en secreto unos sondeos con una cuerda vieja y una plomada, y murmurar palabras de aviso que el capitán y los marineros no escuchen por estar demasiado ocupados.