No usemos la lengua para la guerra, y menos para la guerra de las lengua, sino para la paz, y sobre todo para la paz entre las lengua. De la defensa de la lengua, de todas las lengua, sale su fortaleza, y en su cultivo literario y siempre progresivo se fundamenta su auge y su elástica y elegante vigencia.
Siempre tuvo la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta.