La chica rara, cuyo reinado inauguró la heroína de Carmen Laforet, no sólo rechazaba la retórica idealización de sus labores predicada por la Sección Femenina, sino que empezaba a convivir con una idea inquietante, difícil de encajar y de la que cada cual se defendía como podía: la de que no existe el amor de novela rosa.
La retórica es la facultad de determinar en un caso particular cuales son los medios de persuasión de que se dispone
Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala.
No es menester el arte donde sobra naturaleza. Sobra la afectación donde basta con el descuido.