Cuando era adolescente era muy inseguro. Era el tipo de chico que nunca se adaptaba a nada porque no se atrevía a elegir. Estaba convencido de que no tenía talento para absolutamente nada. Y eso se llevó todas mis ambiciones.
Una pasión verdadera transforma de pronto al adolescente en hombre.
Antes, ser adolescente era un momento de no identidad. Pero desde los sesenta la juventud es un grado. La corbata se convirtió en anatema; el sostén, en mordaza.
Una pasión verdadera transforma de pronto al adolescente en hombre.
No desfallezcas en esta grande obra que inicias llena de fe y de entusiasmo, y si alguna vez necesitáis la ayuda de un hombre joven de largas barbas, pronunciad mi nombre, y correré presuroso a ocupar mi puesto con el ardor, la fe y la esperanza de los primeros años.
Niña y muchacha y joven ya mujer, tú todas, colman mi corazón, y en paz las amo.