quejarse de que la economía libre favorece a los ricos es como quejarse de que la libertad de expresión favorece a los elocuentes.
Los que utilizan mal su tiempo son los primeros en quejarse de su brevedad.
No debemos lamentar nunca el tiempo que hemos empleado en proceder bien
Quien se deleita en defraudar al prójimo, no se ha de lamentar si otro le engaña.