Lo horrible de este mundo es que hacemos lo posible para ser felices e impedimos que los demás lo sean
Yo soy un capricho de la naturaleza, siempre he recibido miradas de shock (u horror), dependiendo de cómo se mire, porque tengo entendido la manera en que miro no coincide con mi forma de sonido. Así que este álbum es básicamente acerca este tipos de personas. Supongo que se podría decir que estoy contando su historia, así como la mía.
Para llegar a la presidencia de Cataluña, he cruzado Cataluña muchas veces. La he cruzado de levante a poniente, del norte al sur, la he pisado, la he conocido en fondo, la he respirada, la he tocado, y si se me permite una expresión muy coloquial, podría decirse que la he mamado
Me levanté hasta los huevos de vivir, te vi pasar y ahora ya vuelvo a sonreir.
La violencia contra la mujer tiene un alcance mundial y se presenta en todas las sociedades y culturas, afectando a la mujer sin importar su raza, etnia, origen social, riqueza, nacionalidad o condición
Tan lejos se estaba, en aquellos tiempos, de considerar impío a quien concibiera el origen del mundo sin la intervención divina, que Tales, Anaxímenes, Heráclito y otros, que abrazaron este sistema cosmogónico, no suscitaron objecciones, al par que Anaxágoras, sin duda el primer monoteísta entre los filósofos, fue quizás el primero a quien se acusó alguna vez de ateísmo.
El punto de partida de toda percepción es una impresión de los sentidos, este elemento inicial es como un núcleo alrededor del cual se disponen concéntricamente las capas de imágenes.
La manera en que una sociedad organiza la vida de sus miembros implica una elección inicial entre las alternativas históricas que están determinadas por el nivel heredado de la cultura material e intelectual. La elección es el resultado del juego de los intereses dominantes. Anticipa modos específicos de transformar y utilizar al hombre y a la naturaleza y rechaza otras formas.
El pueblo anhela oro y distinciones, y se sentiría timado si los tuviera. Entre los grandes también se ha puesto de moda envidiar al campesino su agua de manantial y su jergón de paja, y más de uno se sentiría asimismo timado si llegara a verse en ese estado. El poeta alude a un ideal, se dirá. Pero quién sabe si el campesino no idealiza a su vez el estado del gran señor.
No es un matorral ardiendo; sino un manantial para siempre. No hay sed que no apague.