Entender la vida de otra manera, que no tiene complicaciones, que los complicados somos nosotros, y que el niño en su infinita verdad puede ser de gran enseñanza para el adulto y que mientras éste pueda mantener el recuerdo de sus formas de pensar de cuando era niño vivirá y será capaz de aceptar lo que he oído a lo que venimos al mundo.
Cada cañón que se fabrica, cada buque de guerra que se bota, cada cohete que se lanza significa, a fin de cuentas, que se está robando a los que tienen hambre y no están siendo alimentados este mundo armado no solo está gastando dinero. Está gastando... las esperanzas de los niños
Me levanté y fui hacia el jodido cuarto de baño. Odiaba mirarme en aquel espejo pero lo hice. Vi depresión y derrota. Unas bolsas oscuras debajo de mis ojos. Ojitos cobardes, los ojos de un roedor atrapado por un jodido gato. Tenía la carne floja, parecía como si le disgustara ser parte de mí.
Los proyectos de planificación de ciudades debieran dirigirse de tal modo que, por ejemplo, al planificar una vivienda, un edificio o un grupo de edificios, la solución a la que se llegase fuera la natural para el año en que se levante el edificio.
Esta sociedad tiene que seguir manejándose sobre la base de la esperanza y la solidaridad. Tenemos que aprender a ser unitarios, incluir a todos, sin diferencias, sean éstas de origen étnico, religioso, de género o por discapacidades físicas o mentales. Sólo así lograremos una gran Nación.
Casi todas las consideraciones recientes del origen del universo se basan en la teoría de la Gran Explosión
Veo al novelista como a una combinación de prospector de metales y orfebre. El novelista debe descubrir el potencial, la mina de oro, del alma del hombre, debe extraer el oro y entonces crear una corona tan magnífica como su habilidad y su visión se lo permitan
¿Sabes lo que dijo Pablo Picasso cuando miró mis dibujos en 1939? Usted está loco Brassai, tiene una mina de oro y pasa su tiempo explotando una mina de sal. La mina de sal era, por supuesto, la fotografía.
El pueblo anhela oro y distinciones, y se sentiría timado si los tuviera. Entre los grandes también se ha puesto de moda envidiar al campesino su agua de manantial y su jergón de paja, y más de uno se sentiría asimismo timado si llegara a verse en ese estado. El poeta alude a un ideal, se dirá. Pero quién sabe si el campesino no idealiza a su vez el estado del gran señor.
¿No era tu sonrisa el bosque resonante de mi infancia? ¿No eras tú el manantial la piedra desde siglos escogida para reclinar mi cabeza? Pienso tu rostro inmóvil, brasa de donde parten la vía láctea y ese pesar inmenso que me vuelve más loco que una araña encendida agitada sobre el mar.