No nos dejes ser tan prudentes. Que queramos contentar a todos. Tu palabra es hiriente como espada de dos filos. Además de las bienaventuranzas, también pronunciaste las maldiciones. Es un texto subversivo.
Aún queda el recuerdo de la biblia arrojada por Atahualpa que determinaría su sentencia a muerte, y con él, el recuerdo de toda una civilización indígena obligada a aceptar la cruz y la espada como elementos de vida a seguir...