Como resultado, nuestra democracia corre el peligro de ser socavada. En efecto, se compra la opinión de los votantes, del mismo modo que se crea de manera artificial la demanda de productos nuevos.
He vivido como un fracaso personal el llegar a la conclusión de que el PSOE, el partido en el que he militado toda mi vida, no responde a la demanda de los ciudadanos.
Allí la cuestión era ganar dinero y a mí eso no me preocupaba, una vez cubiertas mis necesidades. Ganar dinero era una preocupación secundaria frente a la cuestión de vivir, de experimentar sentimientos, emociones, el aprendizaje. No me interesaba procurar tener más sino hacerme mejor dentro de lo posible.
Sería cuestión de preguntarse qué es lo que le causa un mayor daño al alma de la humanidad: si la codicia enceguecedora o el apuro devastador.