La esclavitud más denigrante es la de ser esclavo de uno mismo.
Es humillante que una persona que da patadas a un balón gane más que un profesor de colegio
Iré lejos, muy lejos de esta vida humillante de charlatanería y de engaño. Muy lejos de toda esa gente artificial; iré a la isla encantadora, a la vieja Maria Portalettere, a mastro Vincenzo y a Gioconda, a purificarme el alma en la casita blanca, encima del acantilado.