Para el hombre ambicioso, el buen éxito disculpa la ilegitimidad de los medios.
Los liberales se rehúsan a condenar lo que las sociedades han condenado por miles de años: la promiscuidad, el divorcio, la ilegitimidad y la homosexualidad.
No acepten lo habitual como cosa natural pues en tiempos de desorden sangriento, de confusion organizada, de arbitrariedad conciente, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer imposible de cambiar
Así son los viejos: les complace pensar en la arbitrariedad como forma de los tiempos mejores.
El mundo empieza a reconocer las múltiples causas de conflicto, la base económica de la estabilidad y la verdad sombría de que la intolerancia, la injusticia y la opresión y sus consecuencias no respetan fronteras nacionales.
El capitalismo es una fábrica de injustícia y drama