La poesía de sus costumbres y de sus creencias, de las que mucho se habla, la dejaron en la orilla del océano; acá solo trajeron malos hábitos, viveza y bellaquería, y si no nuestro Leonardo puede decir alguna cosa al respecto.
Me fui pensando que Oscar Bonavena no era nada más que un tipo famoso, pero volví sabiendo que acá me había quedado aguardando un público maravilloso (después de pelear con Alí).