Una dulce y triunfante libertad se apodera de aquellos que saben que van a morir pronto.
En la agreste infancia de la meseta burgalesa pedía a mis buenas niñeras del páramo que me contaran una historia de lobos, y con estas historias me dormía, arrullado por la seguridad de la casa, dulce y confortable
Su piel, puesta a punto de caramelo por efecto de los rayos de sol, suscitaba deseos de morder.
En las promesas almíbar y en el cumplimiento acíbar.
Debemos pensar que el enfermo es un hombre que es también un padre de familia, un individuo que trabaja y que sufre; y que todas esas circunstancias influyen, a veces, mucho más que una determinada cantidad de glucosa en la sangre. Así humanizaremos la medicina.