Toda decisión que toma una persona proviene de sus valores y sus meta. Las personas pueden tener muchas meta y valores: fama, ganancias, amor, supervivencia, diversión y libertad son sólo algunas de las meta que una buena persona puede tener. Cuando la meta es ayudar a los demás tanto como a uno mismo, lo llamamos idealismo.
Es vil superstición. Y así, la meta de los valientes se convierte en vaivén de necios; la noble ambición de personas elevadas, en juguete de esas liebres domesticadas.