¡Ay! Es tan hermoso el mundo que hay que apostar aquí a alguien que de la mañana a la noche sea capaz de no moverse
Declaremos que el esplendor del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva; la belleza de la velocidad. Un automóvil de carreras... un automóvil rugiente, que parece correr sobre una estela de metralla, es más hermoso que la Victoria de Samotracia.