No me lo creo. Que al despegar tu puño de sus caras no sientas tú el dolor. Que al quitarte el casco no te ciegue la luz del Sol. Que al volver a tu casa te quede corazón suficiente, como para besar a tu mujer, como hacen las personas. Como si fueras de los nuestros.
Algo así como eso que percibimos siente un pajarito que tenemos aprisionado en un puño cuando oye y ve cruzar el espacio a sus congéneres libres.
Todas esas imágenes que alimentaron la primera mitad del siglo XX, en donde se prometía que con un golpe de varita mágica todo se resolvería, no las creo. Más bien creo que cada uno puede trabajar para hacer que su vida sea más satisfactoria.
...de golpe se me acerca gente a hablarme como al personaje. Hay gente que me dice: Andy, ¿te puedo pedir una cosita?
Que me pregunten si prefiero la Ley Sinde original o la enmendada es como preguntarme si prefiero un puñetazo en la boca o en el estómago
Si el libro que leemos no nos despierta de un puñetazo en el cráneo, ¿para qué leerlo?... Un libro tiene que ser un hacha que rompa el mar de hielo que llevamos dentro.
La publicidad no es más que el ruido de un palo golpeando un caldero.
Si quiero sacudirte con la flecha de mi amor, te tengo que dar duro como el palo en el tambor; que grite la guitarra su alarido de placer y el bajo que penetre tus oídos con la furia de mi tren, loco tren, la banda es una máquina cargada con la furia de mi tren.
Un aire de caricias ondula la marea castaña de tu pelo con luz que balbucea.
Que tenga para darte un beso que zambullirme por el cuerpo hasta encontrar tu voz en túneles de miel allí donde tu piel sin ropa de mujer ni ropa de varón me toque el corazón con ropa de varón para hacerte el amor.
La amistad es como la música; dos cuerdas del mismo tono vibrarán ambas, aunque sólo se toque una.