La filosofía a gran escala corre el riesgo de la vacuidad; la filosofía a pequeña escala, el de la trivialidad. Bien: estos riesgos hay que aceptarlos aunque se procura minimizarlos.
Barbarie y civilización son dos categorías de origen particular pero cuya aplicación puede ser universal. Sin embargo, ser civilizado no significa que se tengan estudios superiores, sino que se sabe reconocer la plena humanidad de los otros, aunque sean diferentes. No son bárbaros quienes no tienen buena educación o han leído poco, sino quienes niegan la plena humanidad de los demás.
Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra, aun siendo tan deseada, sea sinónimo de una paz verdadera. No hay verdadera paz sino viene acompañada de equidad, verdad, justicia, y solidaridad.
La perfección es el único don que la naturaleza le ha negado al ser humano pero aun reconociéndolo tratamos de perfeccionarnos
Cuando era joven, me decían: ya verás cuando tengas cincuenta años. Tengo cincuenta años, y no he visto nada.
El ser humano tiene siempre la posibilidad de aportar cosas diferentes. Ningún joven y no tan joven se tiene que preocupar de que todo está hecho, porque mientras haya un ser humano con un creyón en la mano y trace una línea ya va a poder decir algo enteramente nuevo y diferente a todo lo que se dijo en la historia del arte.
En fin de cuentas, lo que se me proponía era que cambiase mis quimeras, preñadas de infinita grandeza, por realidades que carecían de valor, por lo menos aparentemente.
Para ser buen entrenador te tienen que haber echado por lo menos dos veces
¡Cuán misericordioso puede ser nuestro Creador con sus criaturas, aun cuando parece que están al borde de la muerte y la destrucción! ¡Hasta qué punto puede dulcificar las circunstancias más amargas y darnos motivos para alabarlo, incluso desde celdas y calabozos! ¡Qué mesa había servido para mí en medio del desierto, donde al principio tan solo pensaba que iba a morir de hambre!
Hay evidencia creciente y contundente de que los pobres pueden resolver sus propios problemas si tan sólo se les da acceso justo a servicios financieros y de desarrollo de negocios.
Ya no puedo creer en nada, aunque sea increíble.
Porque es tocando fondo, aunque sea en la amargura y la degradación, donde uno llega a saber quién es, y donde entonces empieza a pisar firme.
No quiero a mi lado ni cura discreto, ni fraile humilde, ni jesuita sabiondo
Pero desde que la novia del demonio, la Razón, esa bella prostituta, interviene y se cree que es sabia, y que lo que dice, lo que piensa, viene del Espíritu Santo, ¿quién puede ayudarnos, entonces? ni los jueces, ni los médicos, ningún rey ni emperador, porque es la mayor puta del diablo