Que la eternidad fluya por mis manos y en los labios el alboroto colosal del cosmos.
Cuando ven a un hombre que piensa libremente, los clérigos arman un alboroto similar al de las gallinas que descubren entre sus polluelos a un patito que se lanza al agua. No piensan que algunos viven tan seguros en este elemento como ellos en seco.
Pensar en la victoria de una revolución sin líder, es pensar en una flor sin sol.
Una revolución no es digna de llamarse tal si con todo el poder y todos los medios de que dispone no es capaz de ayudar a la mujer doble o triplemente esclavizada, como lo fue en el pasado a salir a flote y avanzar por el camino del progreso social e individual.