De repente en todas partes había un economista o experto que exponía las virtudes de la desregulación, el Estado mínimo o la baja tributación.
La enseñanzas que recibí no se adecuaron a mi naturaleza. El profesor no apreciaba lo más mínimo (...) mi talento natural (...) observé que sus ojos obstinados estaban cerrados frente a lo que veían los míos.