Seis, ocho millones de espectadores. Estas son cifras con las que nunca pudo soñar ningún director teatral o novelista y menos aún Esquilo, Sófocles o Eurípides.
Con un olor de olvido en los cabellos, con un sonar de venas misteriosas.
¡No me diga que va a barrer, Pereyra! ¡La última tarea doméstica que hizo jué doblar una servilleta!
La forma más rápida de doblar tu dinero es plegar los billetes y metértelos de nuevo en el bolsillo.