Mi ojo asciende al sexo de la amada: nos miramos, nos decimos palabras oscuras, nos amamos como se aman amapola y memoria, nos dormimos como el vino en los cuencos, como el mar en el rayo sangriento de la luna.
Debbie insistió en seguir el ritmo de las olas. El sexo típico del ecofanático: lento, frustrante, a tono con la naturaleza.