La inflación es un incremento en la cantidad de dinero y crédito. Su consecuencia principal es la subida de los precios. Entonces la inflación si empleamos incorrectamente el término para describir el aumento de los precios está causada solamente por la impresión de más cantidad de dinero. Por esto, las políticas monetarias del gobierno son totalmente responsables.
Además, para educar un público hay que comenzar por tenerlo, y para tenerlo hay que halagarlo. ¿O es que te resignas a ser el único suscriptor? Un gran diario, es decir, un diario con un gran público, es un partido; cada vintén representa un voto. Y se trata de electores que dan su voto y dinero encima: ninguna política consigue tanto.
No es como si hubiera riqueza infinita. Hay miles de productos de lujo nuevos que llegan al mercado, y la pregunta es, ¿quién los comprará? Si la gente comienza a perder sus puestos de trabajo, ¿quién puede permitirse el lujo de pagar 2, 3, 4 o 5 millones de dólares? ¿Conoces a los 10.000 nuevos banqueros de inversión de Wall Street?
La posesión de la riqueza tiene lazos invisibles en donde el corazón se enreda fácilmente.
Al fin y al cabo, ¿qué es la guita? La guita no tiene dueño y pasa de mano en mano. Para mí es un asunto fundamental hasta que se firma el contrato. Después se acaba el tema del dinero y lo único que me importa es pelear de tal manera que nunca pueda sentir vergüenza de mí mismo
General, con mi guita y su pinta, sabe las cosas que podríamos hacer juntos (al entonces Presidente Alejandro Lanusse).
Tú eres, entre el rayo de la luna el plateado fulgor que me acaricia.
Cada cual aporta su astilla a la hoguera que ilumina el mundo.
Aquí estás, ombú gigante a la orilla del camino, indicando al peregrino no siga más adelante en la llanura sin fin. (...) Ese destino te espera, árbol, cuya vista asombra, que al caminante das sombra sin dar al rancho madera, ni al fuego una astilla dar; recorrerás el desierto cual mensajero de vida, y, tu misión concluida, caerás cual cadáver yerto bajo el pino secular.
No hay mejor lana que no tener mañana, ni mejor bronce que tener años once.
Empiezo a desear un lenguaje parco como el que usan los amantes, palabras rotas, palabras quebradas, como el roce de las pisadas en la acera, palabras de una sílaba como las que usan los niños cuando entran en un cuarto donde su madre está cosiendo y cogen del suelo una hebra de lana blanca, una pluma, o un retal de chintz. Necesito un aullido, un grito.