Me di cuenta de que la cámara no ve el espacio, ve superficies. La cámara ve geométricamente. Nosotros debemos ver psicológicamente.
A continuación se desató una más que previsible guerra de fotografías. Observé cómo la cámara iba de un lado para otro. Al pasarla, reían, tonteaban y se quejaban de lo mal que habían salido. Parecía extrañamente infantil, o tal vez fuera que ese día no estaba en un estado de ánimo apropiado para el trato humano.