Todo libro es lo que su escritor es, pero está tan deformado por la imaginación que no puedes traducirlo fácilmente a tu peripecia cotidiana.
Cada libro es una nueva aventura en la que me abandono y de la que no sé a dónde me llevará. Al escribir siempre entro en una grave crisis en la que, de repente, tengo que movilizar todas las energías.
La incursión en la anarquía es tan instructiva como la primera aventura amorosa o el primer combate, estos primeros contactos tienen en común la derrota, que suscita fuerzas nuevas y superiores.
Será aburrido para nosotras -dijo, pensativa-, pero para mucha gente puede que sea un día maravilloso. Algunos estarán locos de felicidad. Tal vez hoy se está llevando a cabo una hazaña magnífica o se ha escrito un hermoso poema, o ha nacido un gran hombre.
Si alguna hazaña notable llevé a cabo, ésa será mi mejor monumento; de los contrario, todas las estatuas del mundo no bastarán a ilustrar mi memoria.
El traductor es el héroe cuya proeza se mide por su capacidad para ser olvidado.
En unos pocos meses los campesinos han realizado lo que el Dr. Sun Yat-sen quiso pero no logró cumplir en los cuarenta años que consagró a la revolución nacional. Esta es una proeza extraordinaria nunca realizada, ni en cuarenta años ni en milenios.